Historias con vino: E.A.Poe y el amontillado

El barril de amontillado (“The Cask of Amontillado”), es un cuento del escritor estadounidense Edgar Allan Poe publicado por primera vez en 1846, y que todo buen aficionado a los vinos de Montilla-Moriles debe conocer, como referencia literaria de inestimable valor.

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Poe nos sitúa con su relato en plenos carnavales de una indeterminada ciudad italiana del siglo XIX. Montresor, un noble de la época, busca a Fortunato con ánimo de vengarse de una pasada y evidentemente no olvidada humillación. Un venganza planificada al milímetro y cuyo éxito residía precisamente en la impunidad en la que debía quedar, esencia para el autor del arte de la venganza en sí misma. Ello da idea del estado anímico de Poe en esa etapa de su vida.

Volviendo al cuento, para llevar a cabo la venganza, “un barrril de amontillado”  que Montresor había adquirido constituye el cebo infalible para atraer a su presa, Fortunato, al cual busca y encuentra en la plenitud del carnaval, ya algo ebrio. En la festiva situación no le resulta difícil convencerlo para que lo acompañe a su palacio con el pretexto de darle a probar el nuevo vino comprado y aún no pagado que guardaba como tesoro en lo más profundo de su bodega, y del que quería saber su opinión ante la posibilidad de haber sido engañado.

Para saborear mejor su venganza, de camino a palacio, Montresor juega continuamente con el ego de Fortunato, que se tenía por un sabedor con talento en materia de vinos. Refuerza aún más su engaño haciendo referencias constantes tanto a la posibilidad de abandonar la especial “cata” a la que se dirigían como a llamar a otra persona, Luchesi, también entendida en vino, que podría hacer igualmente esta labor de asesoramiento.

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Es en este momento donde aparece una cuestión interesantísima que nos ilustra sobre la alta consideración que de nuestro vino existe en la época, y es la afirmación de Fortunato, en referencia a su mayor conocimiento de los vinos “añejos”, diciendo que “… Luchesi no sabría distinguir un Jerez de  un amontillado”. La referencia que hace de sí mismo Fortunato como entendido, no hace sino realzar la importancia de los  sutiles matices diferenciadores en el amontillado, que sólo los muy experimentados logran captar con plenitud.

Téngase en cuenta, que de camino al lugar donde se encuentra el barril de amontillado, una auténtica catacumba en el Palacio de Montresor, y con idea de incrementar aún más la embriaguez de Fortunato, van probando algunos de los grandes vinos franceses que nos indican la sapiencia del autor en la materia. Por el laberinto de pasillos subterráneos beben vinos de Mèdoc y Graves, “…sustraídas las botellas de entre las muchas apiladas por doquier…”

Lo conduce finalmente a las catacumbas del palacio y allí consuma su venganza, en el punto justo donde se supone el barril de vino, esposándolo con unos grilletes anclados al muro de piedra y emparedándolo a continuación, para los restos. De tan tremendo relato, resulta penoso que para conseguir llevarlo a tan fatal destino tuviera que utilizar un elemento tan atractivo y poderoso al que su víctima no se pudo negar, como si de la fatal manzana se tratara:  un barril de amontillado.

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Historias de vino: de “mojón” a catador

La palabra mojón tiene varias acepciones en nuestra lengua. Entre las más conocidas encontramos la que se refiere a un poste de piedra para marcar el límite de un territorio o de una propiedad, o para indicar las distancias o la dirección en un camino. Otras veces, en determinados lugares, se refieren a un mojón para hablar de un pieza cilíndrica, generalmente de madera, que se usa en cierto juego poniéndola vertical en el suelo y colocando sobre ella monedas apostadas por los jugadores, que deben conseguir derribarla tirando un tejo contra ella para llevarse las monedas de la apuesta. Y, como no, también es un mojón o zurullo, la porción compacta de excremento humano que se expele de una vez.

Sin embargo, hay una cuarta acepción, menos o nada conocida, del término mojón y es aquella que hace referencia a la persona que se dedica a probar o catar vinos para informar de su calidad y de sus propiedades, quizá procedente del occitano moisson o ‘borrachín’.

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En nuestra literatura, probablemente sea Don Miguel de Cervantes el principal referente en el uso del término mojón, haciendo constante referencia a quien manifiesta la cotidianeidad, digamos, la familiaridad con el líquido elemento que hace felices a los hombres. En las obras del siglo de oro encontramos un mojón de excepción que es inexcusable nombrar: Sancho Panza.

De hecho, fue Cervantes lo que en sus tiempos se llamaba un “mojón”, y hoy diríamos un degustador fino, un catador o una buena “nariz”. Distinguía por el olor y el paladar, al igual que Celestina, las diferencias de gusto que dan a sus vinos las diversas tierras y vidueños de España, y hasta presumía de ello. Amaba el vino y, como a Sancho, le resultaba duro verse obligado a pasarse sin él:

En el “Quijote”, Sancho Panza figura como empedernido bebedor y buen conocedor del vino que bebe. Desde luego, de aventajado catavinos él presume. No sorprende por ello que Tomé Cecial, el escudero del Caballero del Bosque, le llame “¡Bravo mojón!”, cuando, tras largo trago, Sancho descubre ser de Ciudad Real y añejo el vino que, poco antes, le había ofrecido aquel en su bota. A lo que el manchego le responde que “no hay de qué maravillarse”, pues el “instinto tan grande y tan natural” que tiene “en esto de conocer vinos” ha heredado.“Tuve en mi linaje por parte de mi padre -dice- los dos más excelentes mojones que en luengos años conoció la Mancha “.

Los siglos XVI y XVII señalan la culminación de la cultura nacional en todos los aspectos.  Nuestra literatura alcanza cimas de perfección insuperables en todos los géneros. Es la época de Garcilaso (1501 – 1536); de Santa Teresa de Jesús (1515-1582); de fray Luis de León (1527- 1591); de Cervantes; de Góngora (1561-1627); de Lope de Vega (1562- 1635); de Quevedo; de Calderón de la Barca (1600-1681); y de Baltasar Gracián (1601- 1658) 

Entonces se acopia y formula la experiencia acumulada sobre el vino; se valora su calidad, según su producción por las distintas tierras de España; y adquiere reconocimiento el catador o mojón en la medida que lo va perdiendo el tabernero como experto, que no la taberna.

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En los siglos XVI y XVII, el vino que no se compraba directamente a los elaboradores –“herederos”se les llamaba- se vendía en los sitios destinados a su consumo. Tabernas y taberneros constituían la cadena comercial de este producto tenido por básico junto con el pan y el aceite.

No había población que se preciase que no contara con varias tabernas. Cerca decuatrocientas estaban abiertas en Madrid hacia el año 1600,y este número fue creciendo al compás del vecindario.

Las tabernas eran el punto de encuentro y desencuentro de la gente de entonces. Valga la anécdota de como dos de nuestros más inspirados escritores, asiduos a ellas, deponen sus viejas cuestiones ante unas tazas de vino. Y, un tercero, que sufre los ataques de ambos- tal vez Góngora-, publica en verso la noticia:

Hoy hacen amistad nueva,

Más por Baca que por Febo,

don Francisco de Quebebo

y Félix Lope de Beba

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Bodegas Viña Ijalba, historia de una gravera riojana

Con tres ideas muy claras cerramos ayer nuestra segunda cata formativa de la temporada en la Asociación de Sumilleres de Córdoba, en esta ocasión dirigida por la Bodega riojana Viña Ijalba y su director comercial Paco Balda:

  • armonía con el entorno
  • producción ecológica
  • recuperación de variedades de gran valor agronómico.

Tres ideas para elaborar unos vinos de calidad muy personales y muy en consonancia con los gustos de una época en la que la diversificación y la diversidad mandan. Y dónde todos elementos de producción son analizados minuciosamente, aportando cada uno de ellos un valor diferencial al resultado final.

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El origen de esta bodega parece reconciliar a Dionisio Ruiz Ijalba, en 1975, con el medio que propiciaba su actividad principal, y es que en ese año plantó su primer viñedo sobre una antigua gravera que venia explotando su familia, y que fue recuperada con gran acierto para la viticultura. Como si quisiera devolver a la tierra lo que antes le había sustraído, a un terreno ya explotado, añadió entre 50 y 60 centímetros de suelos pobres procedentes de desmontes de caminos, reproduciendo de manera fiel los suelos tradicionales de la viticultura tradicional de La Rioja: escasas producciones, terrenos en laderas, poca profundidad y poco fértiles.

Comenzaba ahí el camino de Viña Ijalba, que sería posteriormente bodega en 1991. Una bodega pionera en la elaboración de vinos ecológicos en La Rioja, siguiendo las técnicas tradicionales y respetando al máximo, hasta hoy, y después de tres generaciones, su compromiso con el medio ambiente.

De otro lado, Viña Ijalba participa desde su origen en diferentes proyectos junto a centros de investigación para la recuperación de variedades autóctonas de Rioja. Variedades muy minoritarias que tradicionalmente habían dotado de carácter a los vinos de esta Denominación de Origen y que prácticamente habían sido dadas por desaparecidas. Con esta inquietud, Viña Ijalba ha contribuido a proteger la biodiversidad de Rioja y se ha convertido en la primera bodega del mundo en elaborar vinos íntegramente con Tempranillo Blanco, Maturana Blanca, Graciano y Maturana Tinta.

La magnífica y diversa cata de ayer versó principalmente sobre esos vinos elaborados a partir de variedades recuperadas, muy interesantes, que constituyen toda una lección de viticultura moderna enlazada con una tradición casi desaparecida. Colores, aromas y sabores afortunadamente rescatados:

  • Ijalba 100% maturana blanca 2017, brillante, muy untuoso. Primer vino en el mundo elaborado con esta uva.
  • Ijalba 100% tempranillo blanco 2017, seco, frutado y equilibrado. El primero comercializado en el mundo de esta variedad.
  • Ijalba 100% graciano 2016, madurado en bodega 10 meses, sin filtrar. Atractivo rojo picota, con mucha capa, carnoso y frutal. Primer graciano 100% ecológico
  • Ijalba 100% maturana tinta 2016, maloláctica y madurado en bodega 10 meses, sin filtrar. Primer vino en el mundo elaborado con maturana tinta.
  • Ijalba blanco crianza 2016, un vino ecológico experimental con 8 meses de barrica nueva de roble: 50% viura, 30% maturana blanca y 20% tempranillo blanco

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Además tuvimos ocasión de catar otros vinos de un corte más clásico riojano:

  • Ijalba Genolí 100% viura 2017, de acidez fresca y aroma intenso a manzana verde
  • Ijalba cuvée 2016, sin filtrar de 70% tempranillo, 20% graciano y 10% maturana tinta, 12 meses en roble americano
  • Ijalba crianza 2015, 12 meses en barrica y 12 meses en botella

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En definitiva, 8 vinos que fueron la síntesis de la diversidad y el abanico de posibilidades que se nos abren cuando ponemos un poco de imaginación, simplemente combinando elementos que tenemos al alcance: suelos reutilizables, una historia vitivinícola que nos enseña, respecto al medio ambiente con todas sus consecuencias, hábitos saludables, una cultura ancestral del vino, el esfuerzo y dedicación necesarios y la pasión por tu tierra.

Enhorabuena Ijalba por esos vinos y por esa lección magistral desde La Rioja.

En cuanto a las armonizaciones de vino y tapas, tuvimos ocasión de probar 8 productos, fruto del trabajo voluntario de miembros de la Asociación, profesionales algunos de la talla de Adri, u otros que se auto proponen de manera muy loable como foodies coyunturales, como es el caso de Antonio Flores, Gertru o Araceli.

Araceli nos preparó un salmón y bacalao ahumados y una ensaladilla de bogavante muy acertados los tres con los blancos más frescos y afrutados de Ijalba. Antonio Flores preparó un tirabeque que acompañó bastante bien al Ijalba Maturana blanca. Gertru nos sorprendió con un arroz negro Imperial japonés, un ajoblanco con manzana verde y pasas y unas anchoas del cantábrico sobre tosta de pan con mermelada de higo, tres platos que acompañaron a los tintos tempranillos. Para la graciano Adri nos elaboró una tarta con quesos azules de Valdeón y Stilton que estaba para chuparse los dedos.

Seguimos aprendiendo, que para eso son nuestras catas !!!

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¿Un corto viaje para despejar dudas?

A veces nos empeñamos en buscar con inagotable persistencia y con las miras puestas siempre en el punto más lejano, todo aquello que entendemos calmará nuestros deseos más sofisticados acerca de las cosas más bellas.

Nos afanamos en visitar el sitio ideal, buscamos el clima perfecto, pensamos con frecuencia que todo será mejor si viene de más lejos, y que cualquier persona nos parece  “algo más” si habla con otro acento e incluso en otro idioma. Creemos imposible que nos haya tocado por causa del destino -excepto en casos de chovinismo muy conocidos-, estar en el sitio adecuado.

De ser así, de estar en el sitio adecuado, incluso recelaríamos de nuestra buena suerte y por tanto nos parecería, cuando menos, sospechoso o una especie de “estado de somnolencia” impropio o de ilusión transitoria.

Todo ello debe responder, supongo, a un deseo o necesidad permanente de reafirmación constante, fruto quizá de una gran inseguridad o pesimismo histórico personal, y espero que no colectivo.

IMG_8020Pongamos un ejemplo. En un trayecto tan corto y frecuente para los cordobeses como el de Córdoba a Málaga, con la salvedad de haber optado por un desvío a la altura de Casa Bermeja en dirección a Velez Málaga, puse a prueba todas esas dudas e inseguridades mencionadas, y se las trasmito a ustedes en forma de preguntas, al objeto de, si pueden, me ayuden a resolverlas, y si realmente domina la inseguridad sobre la certeza:

¿Será esta campiña tan inmensa como yo la veo? ¿Es posible que nuestro olivar esté queriendo entrar ya a las puertas de nuestra ciudad, conquistando lo que provisionalmente fue un manto de trigo y girasol?

¿Es cierto que tras culminar la campiña, entre Montilla y Moriles, el olivar se entremezcla con el viñedo formando paisaje en superficie y entramado de raíces en lo más profundo de la tierra, que “dicen” es el sabor de todos nuestros recuerdos?

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¿Son las zonas altas de la Sierra de Montilla y de los Moriles Altos tierras de nieve o es el reflejo de las albarizas lo que deslumbra?

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¿Es verdad que el “amontillado”, llamado también así en las lejanas y deseadas tierras de Jerez, es el vino más complejo sobre la tierra? ¿Es cierto que tiene dos vidas, y qué antes de serlo fue fino, y qué nunca fue conocido otro vino que para ser tal tuviera al menos 8 años?

 

¿Es verdad que Lucena tiene fama emprendedora y miras tan elevadas que para ello construyó la silla más grande del mundo? ¿Y es verdad, que aunque el golpe es más grande al caerse de una silla más alta, sus gentes siempre se levantan?

¿No parece que esté rodeada Antequera de un gran oasis de aprovisionamiento antes de entrar en las mil caras, formas y siluetas de esa catedral de piedra que es el Torcal?

¿No rompe cualquier esquema de pensamiento adentrarse en la Axarquía por Colmenar hasta Velez Málaga y ver como la tierra empinada se convierte en una taracea de olivos, almendros, viñedos, aguacates y ahora también mangos? ¿Quién  fue capaz de terminar el puzzle?

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¿Es posible que haya gentes que vivan en Comares, dónde da vértigo subir? ¿Cómo no va a ser una atalaya inexpugnable si parece construida contra las leyes de la gravedad?

¿Por qué las montañas te enseñan el Mediterráneo mucho antes de huelas el mar? ¿Será para advertirte que están allí precisamente para que sea posible ese clima de la costa malagueña, sólo para unos pocos privilegiados del mundo?

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Un día en las carreras

Una invitación de COVAP -proveedor de Pura Cepa Catering Gourmet- que por tercer año consecutivo está presente, nos animó por fin  a conocer  las carreras de caballos en la playa de Sanlúcar de Barrameda, un evento del todo singular, y de antiquísima tradición que va ya por su 172 edición. Y a la vez nos permitió pasar un día inolvidable en uno de los puntos grastronómicos por excelencia de nuestro país. Al final del día pensé: “es del todo coherente la presencia de COVAP, pues con sus excelentes ibéricos viene a completar y complementar toda la gama interminable de sabores de pescados, mariscos y manzanillas de este lugar”.

Nada más llegar a Sanlúcar, el paseo por sus calles te produce una sensación placentera difícil de interpretar; es como si del efecto de una lupa y mil espejos se tratara. El color del mar, el reflejo de los sílices de la arena de la playa, las blancas albarizas en contraste con el verdor de los viñedos, un cielo de azul intenso e inmenso y mil casas blancas por doquier, se ponen de acuerdo para generar una sorprendente y única luz que te envuelve y consigue atraparte. Inmerso en esa luz cegadora, todas las imágenes, los olores y los sabores te hacen pensar que estas en el lugar idóneo donde catar la vida.

 

Incursión en el Mercado para poner en alerta todos los sentidos… atún fresco, acedías, conchas finas, cabracho, galeras, langostinos, langostas, camarones, choco, … y una vez allí … necesariamente necesitas probarlo todo…. Pero dónde? Pues vamos aun clásico, -dice alguién-, a “Casa Balbino”. Allí es como si compraras en el Mercado: una vez que te has hecho un sitio en la barra abriendo codos y a la vez alguien se encarga de coger una mesa en la plaza, has de pelear por conseguir que uno de los camareros se fije en tí, fije su mirada. Conseguido esto, eres suyo y ya no te falta de nada: 1 de ensaladilla, ración de huevas, media de choco, 4 tortillitas de camarones y unos langostinos, todo acompañado 4 cañas y de 1/2 botellita de una manzanilla de Sanlúcar fresca y extraordinaria. La plaza es un hervidero de gente, todos pensando en los mismo, lo que vieron en el mercado. Cuando tienes la mesa llena de platos, eres un afortunado mortal que mira

Ahora ponemos rumbo a la Playa. Las carreras comienzan a las 18:30, pero aún tenemos tiempo de un bañito a la vez que nos acercamos a la zona de palcos dónde COVAP ha tenido la deferencia de invitarnos. Mucha gente a los largo de todo el trayecto de playa por donde discurrirán las carreras. Una fiesta que se prologará hasta altas horas de la madrugada, según nos cuentan. En la zona de palcos las empresas atienden a sus invitados.  Hemos tenido la suerte de serlo de COVAP, pues la degustación de jamón alta expresión, es algo que “quita el sentido”. Juan Muñoz y Mª Angeles Martos nos tratan de manera permanente con tremenda elegancia y profesionalidad, como a cada unos de sus invitados. Florencio Lunar cortando en jamón hace oscilar las cabezas dudando si poner la mirada al mar o a su magnífica destreza con el cuchillo. Juan nos acerca jamón, ufff. Ese momento, con el mar de fondo, los caballos tratando de ganar por la orilla, el murmullo de la gente en la playa, el sabor, el cielo… quedará grabado para siempre. Gracias por la invitación.

Texto y fotografía: Joaquín Morales

 

 

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Primogénito 2017: el nacimiento de un vino

Todo comienza con la vendimia de uvas tintas en las Bodegas El Pujío de Puente Genil, de Agustín Reina, una bodega a la que el tiempo dará la razón por el único camino posible: la calidad. Tres días claves de este año de 2017 -del 9 al 11 de agosto- que con la corta de la uva culminan un cliclo natural para comenzar otro apasionante. La transformación del mosto de la uva en vino, que en este caso lo beberemos allá por las Navidades de 2018.

 

Nada puede fallar. Se respira el nerviosismo…

La vendimia es el punto de inflexión del trabajo de todo un año en el campo. Todas las personas parecen más unidos que de costumbre, pero aún así, hay nerviosismo.

La corta de la uva en el Pujío se hace a mano, aunque podría mecanizarse porque su conducción en espaldera lo permitiría. Pero la decisión está tomada: una selección y corta cualitativa de los racimos in situ resulta más adecuada para el objetivo que la bodega persigue. Comienza a las 5:30 de la madrugada con su capataz, Jesús Jurado, al frente de una cuadrilla de 12 personas. Aún no ha amanecido, se hace necesaria la luz artificial hasta que el sol ayude.

 

Las primeras horas son claves, más frescas.

La uva, de la variedad syrah,  este año viene pequeña de grano, pero con buena acidez y nivel de azúcar. Esperan recoger 35000 a 40000 kilos de uva en las 8 hectáreas de viñedo, con un rendimiento estimado del 70%, en un trabajo duro e intenso de tres días.

Viña, Lagar y Bodega están en la misma finca, lo que hace que el transporte de la uva sea muy rápido, preciso y de calidad, gracias también a la habilidad de Manolo y Antonio, tractoristas muy avezados. Las cajas de uva, de 18 kg para mantener el fruto entero, son recibidas en el Lagar, por Laura Jurado, que permanentemente cuenta y recuenta bajo la supervisión de la enóloga, Cristina Osuna. Es preciso confirmar que su estimación de almacenamiento posterior en los depósitos es acertada.

 

Recepcionada la uva se deposita directamente en la estrujadora-despalilladora donde se le añaden los sulfitos oportunos para una buena conservación. Con cierta rapidez, de un lado salen los raspones y de otro, bombeados a los diferentes depósitos de acero inoxidable con control de temperatura, los granos de uva ligeramente rotos por una presión mínima y desprendiendo ya el mosto que en unos días será vino.

En el camino hacia esos depósitos ya llevan, además de sulfitos, una solución de enzimas pectolíticas para extraer al máximo el color y el aroma del mosto en contacto con la piel y las pepitas. Rocío Reina, futura enóloga, bajo la supervisión de Cristina, va añadiendo y dosificando las cantidades. Una vez en los depósitos, y tras el tiempo que Cristina estima por su experiencia de campañas anteriores, se añaden levaduras seleccionadas para provocar la fermentación alcohólica a una temperatura controlada de 24º. Continuamente se toman muestras para ver la evolución del color. En tan sólo un día ya presenta un violáceo muy débil aún pero que promete.

 

Culminada la fermentación alcohólica, que le llevará entre 7 y 10 días, permanecerá el mosto, ya vino, macerando con los hollejos de 6 a 8 días más, al objeto de extraer todos los componentes aromáticos y de color posibles de la piel de la uva. Posteriormente pasará a prensado y desfangado de forma natural, según nos cuenta Cristina.

Tras producirse una segunda fermentación llamada maloláctica, pasará a barricas de roble americano y francés por un tiempo de 6 meses, y después y durante otros 6 meses, reposará en botellas en las zonas más húmedas y frescas de la bodega, antes de salir al mercado que será allá por la Navidad de 2018. Pero esto ya lo contaremos con más detalle otro día, cuando lo veamos y … lo catemos!!!

 

Texto y fotografía: Joaquín Morales

 

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¿Qué sabes de vinos volcánicos?

Ayer, día 15 de mayo, organizada por la Asociación de Sumilleres de Córdoba y la empresa Pequeñas D.O.´s, con su gerente José Luis Hernández a la cabeza, en el local de nuestro amigo y contertulio Santi Carrillo de Bistro Vinos Suiza, tuvimos ocasión de conocer un poco más de cerca qué son “los vinos volcánicos” y qué singularidades presentan. A través de una inmersión en 12 vinos (7 blancos secos, un blanco semidulce y 4 tintos) intentamos descubrir “lo cierto” en esas señas de identidad que supuestamente una naturaleza en plena erupción en tiempos pasados quiso traspasarnos a través de las vides que hoy se asientan sobre esos terrenos llenos de magma y lava, y del vino que con ellas se elabora.

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Y es que, la creciente importancia que cada día toma el factor suelo como elemento diferenciador por las características que traslada a la uva, hacen que hoy se busquen más que nunca en la elaboración, y creo que con acierto, esas notas peculiares y distintivas procedentes del terreno en el resultado final de los vinos, aún cuando las variedades de uva sean las mismas.

La mineralidad, el toque terroso y un cierto “aroma a pólvora” son notas diferenciadoras e importantes de estos vinos procedentes de suelos volcánicos y que, en su mayoría, concentran sus pequeñas producciones en torno a las denominaciones de las Islas Canarias, concretamente las de Gran Canaria, La Gomera, La Palma y Tacoronte.

Vinos canarios de, por ejemplo, las Bodegas SAT Las Tirajanas, Bodegas Alisios, CB Montoro, Bodegas Las Cuevas, Bodegas Cráter y Bodegas Noroeste de La Palma; presentan a su vez una particularidad tremendamente llamativa, y es que son varietales de uvas prefiloxéricas como la albillo criollo (muy peculiar a mi parecer), la forastera blanca, la malvasía volcánica…

También son bastante conocidos y tuvimos ocasión de catar, algunos vinos volcánicos peninsulares, de la Tierra de Castilla, de una bodega muy consolidada como es Encomienda de Cervera en Almagro, en el corazón del macizo volcánico del Campo de Calatrava, con viñedos en altitudes entre los 750 y 850 metros. La variedades empleadas son chardonnay, verdejo y sauvignon para blancos; y tempranillo y syrah para tintos.

La experiencia nos dejó un postgusto agradable, y en cualquier caso aprendimos a rebuscar esas notas “volcánicas” que sin duda proporcionan un valor añadido a unos vinos que se consumen prácticamente en su totalidad en las propias Islas. La búsqueda de sus señas de identidad les proporciona un espacio propio muy interesante.

Personalmente, en blancos el Vega Norte, de Albillo criollo 100%,  me llamó la atención tanto por su aroma a albaricoque como por su boca golosa. Y en tintos, tuvimos de nuevo ocasión de saborear los estupendos vinos de Encomienda de Cervera que ya catáramos en Fenavin. El coupage de castellana, tintilla, verijadigo y listán negro de Bodegas las Tirajanas me pareció un tinto de gran estructura y digno de un buen final de cata.

También hay que destacar la armonización propuesta por Santi Carrillo para los  blancos con una magnífica mazamorra caramelizada, un paté de mejillones suave y unas berenjenas con miel en su punto. Los tintos lo acompañamos con una carrillera estupenda y terminamos con una espuma de yogur con maracuyá, frutos del bosque y un toque de hierbabuena de postre.

autor: joaquín morales

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